NUESTRO MEJOR EMBAJADOR

Todo empezó en Málaga. Han transcurrido ocho años desde que el Foro que adoptó su nombre, para reivindicar su legado, y el Capítulo Español de las Hijas de la Revolución Americana suscribieron la llamada Declaración de Málaga con el objetivo de que Gálvez fuera reconocido como Ciudadano Honorífico de los Estados Unidos.

El camino no era fácil. El conocimiento de la obra de Bernardo parecía reservado a la cátedra universitaria, sólo algunas contadas publicaciones como ‘Yo sólo’, de Carmen de Reparaz ,sobre la Batalla de Penzacola o la obra colectiva editada en el año 1992, en nuestra Ciudad, por la Editorial Benedito sobre Los Gálvez de Macharaviaya estaban al alcance de los lectores y apenas hacía un año que Thomas E. Chávez había publicado su reveladora obra ‘España y la Independencia de los Estados Unidos’.

Sin embargo, al otro lado del Atlántico, una Ciudad conmemoraba su nombre: Galveztown, y eran numerosos los monumentos, placas e hitos en el camino que mantenían vivo su recuerdo, y se editaban sellos con su efigie.

El reto merecía la pena, había que conseguir el aliento popular y también la aprobación de los congresistas de Florida; de la Cámara de Representantes de Washington y del Senado Norteamericano.

La declaración de Bernardo de Gálvez como Gran Floridiano del año 2012 fue un paso importante, como fueron etapas en el camino: el hermanamiento de Macharaviaya, lugar de nacimiento de nuestro personaje, con Penzacola, auspiciado por el Instituto Nauta y las Hijas de la Revolución Americana o el proyecto de construcción de una réplica del bergantín ‘Galveztown’, avalado por la Universidad Politécnica de Madrid y el Museo Naval, en los Astilleros Nereo de Málaga, al que se sumó ilusionadamente la Ciudad de San Agustín de la Florida, la más antigua de las fundadas por españoles, enviando trescientas toneladas de roble americano procedente de las secuelas del huracán Ike que arrasó la Ciudad de ‘Galveztown’, para transformarlas en el buque que volverá a navegar por las aguas, por las que lo hizo Bernardo, como un símbolo de la unión cultural y social entre las dos orillas en las que el primer español Ciudadano Honorífico de los Estados Unidos dejó su huella.

Cuando el pasado jueves, el Senado de los Estados Unidos aprobó el nombramiento, que tiene un carácter ‘extraordinario’ y no se concede ‘a la ligera’, de Bernardo de Gálvez, reconoció a un personaje singular y poliédrico, que batalló contra los indios apaches; abordó a los piratas del Caribe; expulsó a los ingleses de las riberas del río Misisipi y del Golfo de México; desafió y doblegó a los elementos en la toma de Mobile; rindió el Fuerte George en Penzacola; Dio nombre a la Ciudad de Galveztown; y fundó, además, las de Nueva Iberia, Valenzuela y Beral con colonos llegados desde Málaga y las Islas Canarias; A un personaje sin cuya personalidad y carácter los acontecimientos hubieran sido distintos. En estos días, con razón, el Embajador Español en E.E.U.U. Sr. Gil Casares ha dicho que sin Bernardo de Gálvez y la colaboración española la Independencia de los Estados Unidos hubiera tardado en producirse, al menos veinte años más.

Una contribución que fue militar y también económica, en frase del almirante Grasse, que dirigió las operaciones de la Armada francesa en la batalla de Yorktown , poniendo fin a la guerra: «Fueron los dólares que cimentaron el edificio sobre el que se ha erigido la Independencia Norteamericana». Y a juicio de George Washington, determinante. Por eso quiso que desfilara junto a él y que el bergantín Galveztown fondeara en la Bahía de nueva York, al conmemorar la victoria.

Su estatua frente al Departamento de Defensa en Washington DC testimonia el respeto norteamericano a su figura, que adquiere ahora su máxima expresión con la adopción como Ciudadano Honorifico, sólo siete personajes le han precedido, Bernardo será el octavo.

En la reciente reunión de la Fundación Consejo España-Estados Unidos, celebrada en Málaga, el Rey don Felipe VI destacó la obra de Bernardo de Gálvez como símbolo de los importantes lazos históricos que unen las dos naciones.

Es la hora de nuestro paisano. El pasado martes una réplica de su retrato, propiedad de la familia De Haya, realizada por el malagueño Carlos Monserrate fue colgada en el Capitolio, pero de esa historia feliz puede hablar con mayor conocimiento de causa, quien ha sido su principal valedora, Teresa Valcarce.

No estaría mal que los españoles aprovecháramos la ocasión para reivindicar su figura y poner en valor tantos y tantos episodios de nuestra extensa e interesante historia. Bernardo de Gálvez es nuestro mejor embajador en América del Norte y su ejemplo nos debe servir para emprender en común. Su huella es nuestro mejor pasaporte.

Federico Souviron
Presidente Instituto NAUTA

Fuente Diario Sur